miércoles, agosto 30, 2006

Volviendo grupas de la vida, así te deslizaste por estos senderos, turbiamente dulce, con un pie subido a otro, y dijiste que no te importaban los pechos descarnados ni las frentes marchitas, como los que asoman en la decrepitud de las edades atormentadas. Cogida a mi mano eres un astro en el archipiélago del océano, el céfiro acaricia tus crines, aquilatada y tersa, encrespada por el murmullo de tus latidos dorados, y yo te exhibo como un paño tremolado al horizonte, quién recoge ese aparato de ambrosía, quién advierte los contraste entre nuestros torsos, nada más que en este instante de concordia en el que podría caramelizar la podredumbre sólo por ti, tocado por tu llama vivificante, porque yo también me precipité desde aquel acantilado dónde nuestras miradas se cruzaron, cuando un destello segregado se posó en este albañal encallecido, y cómo prever que con tu piafar ibas a abrir brecha en el corazón de la laguna, que escabroseado ibas a darme pasto de esperanza y levantar esta columna que me soporta, que nos soporta.
Y bien, te he estado escuchando todo este tiempo, sin desprenderme de la vitola luctuosa, imperecedero estigma por antonomasia, enredándote en este dédalo psicológico, en el que tu interpretabas el papel de madre y yo el de tu hijo descastado, diputándote mi amor hurtado, amor filial secuestrado a un niño en el parque junto a sus juguetes, complicándote en esta trama sentimentaloide, redimiendo este infanticidio temprano.
Y si no fuera porque ya he apurado este ajenjo aún continuaría esta ficción, sin embargo las esfinges se desvelan y este manto lenificado se ha descubierto, tu melodía deja de sonar y los oídos me pitan; coloreando la realidad me he convertido en un autista entre soufflés.
No somos responsables de la vileza de las cosas, ni siquiera de la nuestra, y la poesía siempre ha sido una aliada de los dioses, no quiero más simbolismo edulcorante de nuestros días, me basta saber que la ciencia aja paulatinamente este cuerpo empecatado y que un día será pura ceniza, y a la postre, sí, mis lágrimas cobrarán al fin su verdadero matiz.

lunes, agosto 28, 2006














Natascha, ocho años de cautiverio encerrada en un zulo. Sus deudos se echan las manos a la cabeza y la opinión pública babea colgada del badajo de la noticia, sin embargo, la aplicación de sus coordenadas de credulidad no les salvarán, una niña que recién pollea con la mirada perdida de quien se sabe su salmo ha hecho aguas el sueño de la liebre, no le será fácil, incluso a ella, coloso de la vida, y le preguntan, con gazmoñería, si cree que le han robado la juventud, la juventud… Miserables.

jueves, agosto 10, 2006

Las nupcias con la muerte se trompetean en el solio, y unas tripas se desparraman por lo manteles bordados y los tapices escupen el polvo empírico obturado. Un juego de imágenes cualesquiera, pero en este caso da las trazas del horizonte en lontananza. “Saeta que volador cruza, arrojada al azar, y que no se sabe dónde temblando se clavará”. Extramuros de la vida soy yo, y en la encomienda me postulo, con estos versos y este aliento que exhalo. Es mejor verlas venir, con lo que abonaremos la divisa pagando el peaje en nuestras maceradas carnes, y qué importa si puedo levantarme y recitar estos versos como al desgaire, porque el desagravio de las cuitas se cobra en el hedonismo marchito de los cascotes de mi cuerpo. He frotado mis dedos y he entresacado este verso, que por ser puro acaso es de pura vida, y por ello me daba ahíto de este mundo y ya me precipitaba a la pala y levantaba un sepulcro sereno con una candela del poeta innominado. Todo ha terminado, porque alguien se atrevió a drenar las miasmas, y cuando en el sorbo del lecho de los ríos recién palpo el mar, y me derrito de aquí en mi onda marina. Si ahora doy nombre a la belleza es que he alcanzado la gloria y legislo sobre los dones de las ninfas, que una tras otras se van sucediendo en mi pecho desgarrándome quedamente la humanidad, y al cabo palpita solitario el dolor sonrosado que gime de amor bajo el regazo del mujerío rosáceo. A todo esto, alguien algún día cantará que he muerto, con el nubífero polvo cubriéndole el rostro, sin comprender que yo con la cornamenta del duelo rompo de luces al alba, en una primavera en la que me cuesta deslindar las sombras resplandecientes de lo manes, hoy en mi óbito más que nunca. “Todo mortal”.

martes, agosto 08, 2006

Las vacaciones, esa llaga nominalista que intoxica el pensamiento postmoderno. Cuando la subordinación económica se convierte en canon social y el rendimiento se reviste de libre albedrío en la futilidad. La voluntad del hombre elevada a categoría mercantil, la superchería velada entre tumbonas y chiringuitos destartalados, el yugo jamás asumido más dócilmente, y luego la podredumbre silenciosa, esa, reserva de la dignidad humana. Viene el desheredado y me escupe su miseria, ¡Sublime canto a la integridad en esta mañana de decrepitud!, camina atropelladamente pero la cadencia de su andar esconde la sabiduría de un oráculo, y en un lapso de su diálogo con las letrinas me suelta: “Yo, grrrps (carraspeando), yo, con estas callosas manos que observas con esos ojos he empuñado mucha mierda y poco oro, y con esta barba bronca y mi cabellera intonsa y pegajosa he hospedado a ejércitos de piojos que a lo largo de mi larga vida se han dejado caer por ellas, con lo que mozo en resumen, te quiero decir que ello da sobradas muestras de mi teoría, a saber; en este mundo, y no lo olvides, quien se arrima al tufo que más apesta gana, y a tenor de lo que ves debo de estar en racha, jajaja, grsrrrs (carraspeo prolongado)”. Voy de la cama al baño, del baño a la cama, entre jadeos de dolor y folletos de viajes, y me visto de traje de luto porque no me interesa disimular el carácter de mi desprecio circunstante, y mientras contemplo mi tez en el espejo reclinado sobre la pared pienso si quizás no aborrezco no los conceptos sino quien está tras ellos, y entre tanto medito en ello paso una mano por mi cabeza y compruebo, feliz, que está repleta de grasa.