Tengo una niña colgada de la pared. Es prieta y no habla mi idioma pero da igual. Siempre que me acerco a su sombra me descalzo el pie izquierdo y la manoseo despiadadamente, con espanto, y después me despido corriendo salvajemente hacia ninguna parte. Es en esa operación cuando comprendo que he renunciado a las definiciones y he puesto en el tapete formas gástricas como deferencia fiduciaria, pero pese a ello cargo con una niña negra a cuestas que estalla inquisitorialmente con preguntas mil y se blanquea cuando atravieso mi uña por su ojo. Ayer maté a la niña pero de nuevo se ha restituido en mis brazos, es una venus vestida con mi orina y ahora se pasea risueña en no sé que vertederos, pero esta vez gastaré mayor eficacia homicida y la aplastaré, pétreo ante la tipicidad penal que ve su amor filial, ser mi hija, ser su padre. Tengo una hija primaveral que me ha dejado jugar con sus juguetes pero de pasada me ha confesado que ella no es mi hija y yo no soy su padre pero que si quería podía ser mi madre y yo su hijo de pega, bajo la condición de que me empolvara los pies con cal y adoptara un hijo muerto. Al acabar su alocución la degollé, a mi hija, y encaramé su cráneo sanguinolento sobre la pared, muda, tras lo cual con un movimiento mecánico me descalcé el pie izquierdo y se lo acerqué a la faz, quizás creyendo que así me convencería de cómo muere un hijo, o una madre.
viernes, marzo 31, 2006
martes, marzo 28, 2006
Siguiendo: "¡Suprimirse parece un acto tan claro y simple! ¿Por qué es tan raro, por qué todo el mundo lo elude? Es que, si la razón desautoriza el apetito de vivir, la nada que hace prolongar los actos es sin embargo de una fuerza superior a todos los absolutos; explica la coalición tácita de los mortales contra la muerte; no sólo es el símbolo de la existencia, sino la existencia misma; es el todo. Y esa nada, ese todo no puede dar un sentido a la vida, pero la hace al menos perseverar en lo que es: un estado de no-suicidio"
lunes, marzo 27, 2006
sábado, marzo 25, 2006
Tenía previsto conocer una chica, deslizar mi brazo por su cintura, trabar los dedos de mi mano con los suyos y hurtarle unas redundantes bragas. Camino brincando mientras paseo mi placenta en la mano, chorreando de sangre, salpicando los rostros de duendes con arenilla en los ojos, porque se la acabo de arrancar a la chica que ahora se abisma y se golpea el pecho y se pregunta dónde están sus bragas mientras se pega un manguerazo en el coño. He comprendido el encadenamiento causal situacional a la vez que me atiborraba de placenta y entreveía a la mujer-puta tras ello, que aprovechaba para embadurnarse ante mi cara de heces y del fango de sus pies purulentos. En ese instante no he podido evitar lanzar una mirada a la protuberancia bautismal que me asomaba caliginosa y sátira, recibiéndome con el Verbo Divino grabado en su costra, que más parecía una vagina leprosa y mórbida, y me ha dado un beso cenizoso confiándome toda ella. Ahora devuelvo la mirada a la puta que me observa apremiante, torva, blandiendo alborozada sus pezones descosidos, pero ella ha visto como me he puesto las bragas y me las he follado, delante de sus ojos, frente a su coño fecal.
viernes, marzo 24, 2006
martes, marzo 21, 2006
Un golosinear la zoología aprieta a nuestros coetáneos. Pareciera como si la entomología se hubiese impuesto a los hombres en un intercambio de parejas contra natura. La genealogía humana responde recalcitrante a su desposorio con los invertebrados. No sabemos cuál es el seno de esto, si lo hay, pero lo que sí alcanzamos a vislumbrar son las resultas homeopáticas de su prospección cultural. Esta bastardía a nativitate del linaje antropológico sólo cabe vincularla a la quemazón incestuosa y al bestialismo intrínseco de unos inánimes desfigurados que cargan toda su compunción positivista en ansiolíticos memorialescos. De esta dialéctica semiótica entre la cabra y el hombre ha subyacido el hipogrifo que nítidamente reconocemos en nuestros rostros, lo cual nos anuncia el amanecer de los sapos Bufonidae y las ranas Rhinoderma como nueva élite del pensamiento moderno. A esto cabe añadir que la nueva generación de hombres-larva que corretean descuajeringados entre cátedras y coños de amazonas desaseadas ha mamado del racionalismo coleóptero que como todo el mundo sabe proclama el Escarabajo saprófago como suma y única verdad del universo. Aún no sabemos que nos deparará un régimen de elasmobranquios escualiformos donde se rinda culto a la boñiga elefantina y se practique la escatofagia doctoral como canon pedagógico pero yo mientras tanto me apresuro a firmar esta esquela con la pezuña por si las moscas.
