sábado, diciembre 24, 2005

"Ningún hombre amará verdaderamente la libertad y la verdad si no odia a las multitudes". Leído hoy en el papel.

viernes, diciembre 23, 2005

Subrayo el silencio. Un ceño afilado, doliente, encarnado en una contorsión confusa. Tiempo aguijoneado por un reflactario órdago, arrojado desafiante en su fagocitador envolvimiento. Yo digo, yo medito, yo me asfixio, yo me sonrojo... Toca a rebato la naturaleza humana, que descree, y vocea mis propias paradojas con una carcajada atroz. Un Cosmos inclemente hace la vista gorda a la zarabunda humana, desamparando a sus iguales en el cerco material, que se carea con el individuo para rendir cuentas. Devuelvo la herencia y dejo la mía intestada; no soy producto, no soy venero. Trato de confortar a mi alter ego, que se revuelve febrilmente, en una llamarada de tusa, para dar paso a un embotamiento providencialista, como tocado de una melancolía cuitada. Y en este brusco albur despido el tanteo físico en un escape de reconciliación con la absoluta nada; que me confiesa, silente, su predilección.