Cuando la mar alcanza su cenit capilar y la pleamar desborda las esperanzas de los amantes sujetos a sus erotismos iniciáticos y mientras los pies hollan desnudos la arena húmeda con sus pisadas en inútiles sueños de eternidad y el triste gorgoteo de la taxonomía acuática incita a un ensimismamiento abisal, si la melancolía soñadora no nos ha sumergido aun en el sopor encantador en el cruce sensorial de la naturaleza emergente, podemos comprender, ahora en verano, el valor despreciable de la acción en la misma medida que la fuerza vital de la pasividad humana.
viernes, agosto 17, 2007
Previous Posts
- La sucesión de los días ha dejado de ser simplemen...
- El esplendor marchitado allí donde antaño florecía...
- La naturaleza, conforme nos conmueve y deleita y a...
- <<...Preferiría decididamente ser siervo en el cam...
- A veces disfruto contemplando los hierbales que as...
- Mi habitación no tiene chapados de cobre en los re...
- Llantén: 1. Planta herbácea, vivaz, de la familia ...
- María en el metro (I)María se hacía llamar López d...
- La radicación de las multitudesDichoso aquel pensa...
- Todos llevamos un Lord Henry en nuestro natural. L...

<< Home