viernes, octubre 13, 2006

La radicación de las multitudes

Dichoso aquel pensamiento impregnado de los vientos de la frivolidad que nos supone a todos el mismo grado de fatuidad que el propio. Porque acaso en este concepto reside el sacramento de su supervivencia, quiero decir parasitismo, social, democrático y de Derecho, y arriba esas banderas.

Y es esa vocación de hormiga, ese filisteísmo colgado a modo de divisa que en el pecho del babero tintinea en su inflado despecho de esnobista. Éste no soporta su propia condición, acude al mercado de la cochambre, pide cita en el albañal de la moral, comercia con la dignidad propia y ajena y, en fin, se adscribe a la clientela de la hediondez, esa hueste entronada. La estrategia es audaz, baste contemplar el punto de estilización de embrutecimiento del rebaño civil, fertilizado oportunamente por el abono burocrático, y reconozcamos que jamás encontrarían un auditorio más sensible a sus proclamas como el vigente, entregado a la búsqueda del anestesista de sus conciencias como si se tratara de un mesías analgésico. Henos aquí con la élite en forma de buey (el gremio vacuno priva) la idea toma forma de onomatopeya, solemnizando su hegemonía con esta fastuosa ceremonia de pasto multitudinario, que representa un ganado en perfecta armonía en su papel de comensal satisfecho, adquirente de bocanadas del pensamiento de la más elevada crianza vacuna. Esta recua de cabestro conforma la demografía por la que todo gobierno decente suspira; no mueve la cola más que para apartarse las moscas.

Lo confieso; de pequeño quería ser rumiante. Me deleitaba la imaginación soñándome un aquilatado bovino recubierto de pelo (todo el cuerpo), con mis maneras mansas y mis ojitos cercados de gruesas lagañas inveteradas; qué dicha aquella. Aquel sueño se torció; pero eso es otro cantar. En fin, al ser vetado de la grey mis afanes se centraron luego en el estudio de la sociología de la res vacuna y abrazado a la fe del converso me hallo ahora militando en el quintacolumnismo bípedo, que dicho así no quiere decir gran cosa, es cierto, aunque esta raridad ya me costó algún disgusto con la comisión de homogeneización de la nación vacuna.
A decir verdad, quizás yo no sea más que otra vaca frustrada y excluida de la arcadia del apacentamiento, que por osar probar el Pasto del bien y el mal y asomar una reflexión desacostumbrada se ganó el destierro bíblico/social, y desde entonces su censura de las multitudes le tornara en un peregrino melancólico abrumado por conflicto metafísico hombre/vaca.