"Sentada en el borde de la cama, me extendió una capa de miel de jazmín por todo el estoque, desde la punta hasta la empuñadura. Parecía fascinada po su brillo dorado y, en un arrebato de deseo, probo el pastel. ¡La querida señorita Quinlan! Se lo tragó entero y yo lo sentí entrar y salir, el pastel, los huevos de Pascua, el corazón, los pulmones, el cerebro, un banquete para una reina ya madurita, y cuando pasó el hechizo se quedó de espaldas a la cama, jadeando con ansia, y yo me desplome en una silla. Se lo había comido todo y me había dejado sin nada para corresponderla"
sábado, septiembre 09, 2006
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