
Natascha, ocho años de cautiverio encerrada en un zulo. Sus deudos se echan las manos a la cabeza y la opinión pública babea colgada del badajo de la noticia, sin embargo, la aplicación de sus coordenadas de credulidad no les salvarán, una niña que recién pollea con la mirada perdida de quien se sabe su salmo ha hecho aguas el sueño de la liebre, no le será fácil, incluso a ella, coloso de la vida, y le preguntan, con gazmoñería, si cree que le han robado la juventud, la juventud… Miserables.

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